Una mañana me desperté a las 6, me acababa de bajar la regla y el dolor era terrible, algo no iba bien y lo sabía. Como pude llegué al baño, necesitaba hacer pis, pero cuando lo intenté el dolor era insoportable, con la mano izquierda me agarré al mueble del baño y con la derecha a la bañera, entre lágrimas y sollozos pude terminar de hacer pis, volví a la habitación y desperté a mi novio: nos vamos a urgencias otra vez.
Esta vez lo tenía claro, era algo ginecológico, no podía ser casualidad. Como tengo una mutua acudí a urgencias, pero esta vez en lugar de ir a las urgencias generales pedí por urgencias ginecológicas. Mientras me miraban pensaban que podría ser un ataque de apendicitis, por suerte el médico de guardia cambió el turno y el que aseguraba que era una apendicitis fue sustituido por otra doctora. Me quisieron hacer una ecografía vaginal, pero el dolor era tan agudo que no me la pudieron hacer, me recogieron muestras de flujo y me hicieron una citografía, el resultado fué 4 días de ingreso hospitalario. En la clínica no supieron decirme que había pasado, y me remitieron a mi ginecólogo. Por aquel entonces yo tenía asignado un ginecólogo de la mutua, pero como ya había ido varias veces sin respuesta alguna por su parte, decidí acudir al padre de una amiga de mi hermana, también ginecólogo, pero que entonces aún no estaba en mi mutua.
Cuando fui y me hizo la ecografía vio que el quiste ya no era de 4 cm, si no de 8, y con los resultados de los análisis de la clínica su dignóstico fue que a causa de una infección inicial de flujo, no diagnosticada y por lo tanto mal tratada, la infección había subido y me había afectado el ovario, me dijo que debía hacer reposo absoluto durante 15 días o podía perder el ovario. Gracias a la medicación y al reposo, la infección desapareció y el quiste volvió a su tamaño original.
Desde entonces las reglas se hicieron horribles, iba a trabajar como podía, pero para moverme por la oficina tenía que agarrarme a las paredes, me pasaba las noches sin dormir, no había calmantes suficientes. En una de mis visitas a mi ginecólogo de entonces, le comenté el gran dolor que sentía en las reglas y su respuesta fue: la regla duele, aguantáte y haz vida normal. Entre llantos le dije que era imposible hacer vida normal con ese dolor, pero no pareció que le importase mucho. Me dijo que nos veríamos al año para hacer la revisión y controlar el quiste, pero que era un quiste sin importancia. Pasó el tiempo, llegó la fecha de la revisión y no fuí, un gran error por mi parte, pero no quería ver a mi ginecólogo, me negué en redondo a que alguien me visitara y me volviera a decir lo exagerada que era.
Pasaron los meses, y a los dos años desde mi primer ingreso, unos 3 días después de una de mis reglas, estando en el trabajo empecé a notar un dolor en el abdomen muy fuerte, me tome un calmante pero el dolor no cesaba, y se hacía cada vez más intenso, así que decidí ir a urgencias acompañada de mi compañera de trabajo, ya que no podía caminar. Tengo un consultorio de mi mutua a 3 minutos de mi trabajo, acudí ahí por ser el más cercano. Una vez llegué comenté a la doctora de guardia mi problema con el quiste y pedí que me visitara un ginecólogo, después de la exploración me diagnosticó apendicitis, y sus palabras textuales fueron: no es nada ginecológico. Me pincharon un calmante y me dijeron que me fuera a urgencias de una clínica de mi mutua, ya que allí era más consultorio que otra cosa. Fui a la otra clínica y me visitó un ginecólogo, en la exploración y con la ecografía me dijo que tenía un quiste de 9 cm, pero que no era de liquido, era más bien una masa y creía que podía ser un quiste hemorrágico, me ingresó y me dijo que había que ver la evolución. Durante las 24 horas siguientes fuí empeorando y me dijo que tenía que operar.
Era un sábado por la mañana, las 8 concretamente, había dormido poco, los nervios de entrar en quirófano se hacían cada vez más fuertes, pero intenté mantener la calma. Un enfermero vino y me puso algo en la vía, a partir de entonces ya no recuerdo nada. Me desperté cuando ya eran las 3 de la tarde, tenía mucho dolor, y no entendía nada, no recuerdo cuando me lo dijeron, si fue ese mismo día o el día siguiente, no recuerdo mi reacción, si lloré o me quedé atónita... Pero el diagnóstico fue, tras 6 horas de cirugía, endometriosis bilateral severa. Tenía endometriosis en los dos ovarios, en una trompa, en el abdomen y en los intestinos. Perdí un ovario y una trompa, pero el resto pudieron limpiarlo bien (supuestamente). Para entonces no sabía muy bien que era la endometriosis, tampoco me dieron mucha información y yo tampoco sabía que preguntar.., así que durante las siguientes semanas acudía cada semana al seguimiento postoperatorio, y cada vez iba con más preguntas... ahí descubrí que tendría muchas dificultades para ser madre, el mundo se me cayó encima, pero intenté centrarme en mi recuperación y la pena duró apenas unos días. A los dos meses de la operación, volví a sentir molestas agudas, pero esta vez en el lado izquierdo, para aquel entonces no me estaban medicando y pasé dos menstruaciones después de la cirujía, acudí a urgencias al mismo médico que me operó, y volví a tener las mismas respuestas de hacía dos años: no tenia nada, no era nada. Angustiada y dolorida, decidi volver al ginecólogo que una vez consiguió salvarme el ovario, me valoró y me pidió una resonancia magnética, con los resultados en la mano el diagnóstico fue devastador: la endometriosis había vuelto...esta vez tenía un quiste de 4,90 cm en el ovario izquierdo, mi único ovario. Tomamos una decisión, me dijo que aunque con ese tamaño y siendo endometriosis debería operarme, quería intentar no tocar el ovario, ya que con cada operación de limpieza había que cortar un trozo, y como sólo me quedaba uno y ni siquiera entero, quería probar con medicación. Me recetó cerazet sin descanso (anticonceptivas), para evitar que mi ovario trabajase y ver si así podía remitir la enfermedad. A los 3 meses volví, y el quiste había desaparecido, aunque seguía teniendo focos de adherencias y ahora además tenía enganchado el ovario al útero y a los intestinos, algo bastante común con esta enfermedad, pero por fin había encontrado a mi ginecólogo.

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